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lunes, 6 de diciembre de 2010

Momias y sacrificios humanos.

Arqueología
Análisis de Momias Permiten Reconstruir Preparativos de Sacrificos Humanos
14 de Noviembre de 2007.
Foto: University of BradfordMuestras de pelo correspondientes a momias de niños conservadas de forma natural y descubiertas en el yacimiento arqueológico más alto del mundo, en los Andes, han permitido averiguar muchas cosas sobre las vidas de los niños escogidos para el sacrificio. Los investigadores utilizaron análisis de ADN y de isótopos estables para mostrar cómo niños tan pequeños como de 6 años eran cebados y llevados a un peregrinaje hacia su muerte.

Un equipo de científicos dirigido por Andrew Wilson en la Universidad de Bradford analizó las muestras de pelo tomadas de las cabezas de cuatro momias encontradas en los Andes, y de pequeñas bolsas que las acompañaban. Entre ellas estaban una adolescente de quince años conocida como la "Doncella de Llullaillaco", y el "Niño de Llullaillaco", de siete años de edad, cuyos restos congelados fueron encontrados en 1999 en un sepulcro a 25 metros de la cumbre del Monte Llullaillaco, un volcán de 6.739 metros de altura en la frontera entre Argentina y Chile. La Doncella, descrita como una "momia perfecta", fue exhibida por primera vez el mes pasado en Salta, Argentina.

Wilson y sus colegas estudiaron el ADN y algunos isótopos estables de las muestras de cabello para obtener una visión más clara sobre las vidas de estos niños. A diferencia de las muestras de colágeno óseo y de esmalte dental, el pelo permite a los científicos capturar una instantánea única para cada uno de diferentes intervalos de tiempo, gracias a su crecimiento, ayudando así a reconstruir la preparación de los niños para el sacrificio durante meses antes del mismo.

Se cree que los escogidos para el sacrificio eran hijos e hijas de gobernantes locales y de miembros de las comunidades locales, quizá como un modo para los más poderosos gobernantes incas de dominar a sus pueblos mediante el miedo. Algunas muchachas eran seleccionadas más o menos a la edad de cuatro años y puestas bajo la custodia de sacerdotisas. Algunas de estas chicas podían ser más tarde ofrecidas como esposas a nobles locales, algunas consagradas como sacerdotisas, y otras ejecutadas en sacrificios humanos.

A través del análisis de isótopos estables hallados en las muestras de pelo, Wilson y sus colegas pudieron ver que durante gran parte del tiempo anterior al sacrificio, los niños se alimentaban con una dieta de vegetales como la patata, sugiriendo esto que provenían de un entorno campesino. Isótopos estables de carbono, nitrógeno, oxígeno, e hidrógeno, procedentes de la dieta de un individuo, son depositados en su cabello, donde pueden permanecer inalterados durante miles de años.

Sin embargo, en los doce meses previos al sacrificio, la evidencia isotópica demuestra que la dieta de la Doncella cambió notablemente, pasando a una que era rica en productos como el maíz, que se consideraba un alimento de élite, y en proteínas que probablemente procedieran de charqui (carne de llama seca).

Teniendo en cuenta el cambio sorprendente de sus dietas y el corte simbólico de su cabello, parece claro que se les estaba preparando para el ritual desde un tiempo considerablemente largo antes de su muerte.

Ciertos cambios en los isótopos de la muestra de pelo en los 3 ó 4 meses finales sugieren que el niño comenzó entonces su peregrinaje a las montañas, probablemente desde Cuzco, la capital Inca. Aunque los científicos no pueden saber con toda certeza cómo murió el niño, creen que primero le dieron cerveza de maíz (chicha) y hojas de coca, posiblemente para aliviar sus síntomas de mal de las alturas y para que fuera menos consciente de lo que iban a hacerle. Esta teoría se apoya en la evidencia de la presencia de metabolitos de coca en el cabello de las víctimas, y en muy altas concentraciones en el de la Doncella.

"Parece pues que los niños eran conducidos al sepulcro de la cumbre como culminación de un rito de un año de duración, drogados, y abandonados allí para que murieran de frío", explica Timothy Taylor, uno de los autores del estudio, también de la Universidad de Bradford. "Aunque algunos pueden desear ver estas nefastas muertes dentro del contexto de sistemas de creencias indígenas, no deberíamos olvidar que los incas también eran imperialistas y que el tratamiento dado a esos niños campesinos pudo haber servido para infundir miedo y facilitar el control social sobre remotas áreas montañosas".

Análisis previos del Niño de Llullaillaco han mostrado que tuvo un fin especialmente horrible. Su ropa estaba cubierta de vómito y diarrea, elementos indicativos de un estado de terror. El vómito estaba teñido de rojo por cierta droga alucinógena, trazas de la cual también fueron halladas en su estómago y en sus heces. Sin embargo, su muerte fue probablemente causada por asfixia. Ésta se produjo al ser su cuerpo brutalmente oprimido por la tela con la que envolvieron su cuerpo tan apretadamente que sus costillas fueron aplastadas y su pelvis dislocada.

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