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lunes, 20 de marzo de 2017

CONQUISTADORES DEL PARAGUAY. DESCENCENCIA DE UNA RAMA.



Don Francisco de la Sierra y Ron era un hijodalgo notorio quien se desempeño como Capitán, Maestre de Campo, Conquistador de Santa Fé en 1556 y Teniente de Gobernador.






Cuando el ya entonces Teniente Gobernador Felipe de Cáceres dispone que un barco parta con destino a España portando una solicitud para que se autorice a poblar el Fuerte de Gaboto, volvemos a encontrar el nombre de Antonio Thomás. Este buque, construido en 1562, pertenece por mitades a Francisco de Sierra y a Antonio Thomás. En su construcción participaron, dirigiéndola y trabajándola ambos propietarios.


Con el objeto de establecer esta nueva fundación, el 23 de noviembre de 1572 se pregona en la plaza mayor de Asunción la población a efectuarse en San Salvador, San Gabriel, o San Juan con hasta 80 personas, españolas e hijos de la tierra, a cargo de Juan de Garay como capitán y justicia.

En definitiva, los que acompañan a Garay en su expedición fundacional son 80 mancebos, hijos de la tierra y 9 españoles. En el Alarde que se levanta en Asunción aparece en primer término el nombre de Juan de Garay, seguido por el de Francisco de Sierra, y en tercer lugar, su socio en el navío, Antonio Thomás, quien registra la edad de 53 años.


La expedición sale dividida en dos grupos. Uno lo hace siguiendo la margen izquierda del Paraguay y del Paraná. Lleva los implementos caseros, los animales, los objetos más grandes, cuyo traslado se hace dificultoso en los pequeños bergantines, y, lo que es muy importante, las familias de los expedicionarios. La otra lo hace por agua. Allí va Juan de Garay, a quien se le encomienda otra misión más: la de escoltar el navío San Cristóbal de la Buenaventura, donde va preso Felipe de Cáceres. Lo hace hasta la altura donde hoy es Feliciano, en la costa entrerriana. Allí se unen los dos grupos expedicionarios, cruzan el Paraná a la costa derecha y remontan un riacho hasta encontrar un lugar que parece conveniente. Es donde hoy está Cayastá. En esta expedición viene Antonio Thomás, "con su persona, armas y caballos, a su costa y minsión. Asiste al acto fundacional del 15 de noviembre de 1571 Gran distinción merece a Juan de Garay este antiguo conquistador, a quien, conjuntamente con Francisco de Sierra designa por testigo de uno de los actos más importantes que le toca efectuar. Así es como se encuentra su firma refrendando el acta fundacional, la constitución del primer cabildo y el enarbolamiento del rollo de la justicia.


Antonio Thomás aprende, en la primera Buenos Aires la construcción de muros y tapiales, ese conocimiento vuelca en Santa Fe, a la que, según José Torre Revelo da "trasa para hazer el fuerte donde los españoles se guaresen y no fuesen asaltados. "Antonio Thomás sería, pues, el primer alarife de Santa Fe".

La nueva población afronta grandes y graves trabajos para dejar cubiertas las más elementales necesidades. En febrero, por intermedio de un cacique, Juan de Garay recibe una carta del Adelantado Juan Ortiz de Zárate. En ella le informa de su llegada al Río de la Plata, y de la situación apurada en que se encuentra, rodeado de tribus belicosas. De inmediato dispone partir en su ayuda. Parte acompañado de un contingente constituido, en su mayoría por mancebos de la tierra. Como es de imaginar. Antonio Thomás forma fila junto a ellos.

La expedición de socorro pasa a la isla Martín García. Antonio Thomás, con sus buenas trasas da con el Adelantado y su gente y los conduce al puerto de San Salvador, en la costa del Uruguay, hasta donde consigue introducir la zafra, por el río.







En este lugar se levanta una ciudad, con su fuerte, cuya construcción, según algunos testimonios, es dirigido por Antonio Thomás. Tiene a su mando la dirección de un navío, que se traslada apresuradamente a la Asunción, de donde retorna con "un buen socorro para el dicho adelantado, de mucho vastimento y moniciones por donde se rredimió el dicho adelantado y su gente de que no peresiesen" (18). Debe tenerse en cuenta, también, que le sirve de piloto a Ortiz de Zárate en su continuación del viaje hacia Asunción.

El 24 de enero de 1590 las autoridades capitulares consideran diversos problemas de la Ciudad. Entre ellos se resuelve el traslado del cabildo y su cárcel anexa. Según los lugares establecidos por Juan de Garay, corresponde al Cabildo un lote situado al lado de la Iglesia Mayor. El tiempo pasa y la Ciudad progresa y su población también. Considera, ahora que, dada las circunstancias es más conveniente ubicar la Casa Capitular y sobre todo su cárcel, más lejos de la Iglesia. La trasladan al frente del sitio original, plaza por medio, a un sitio que perteneciera al Teniente de Gobernador Francisco de Sierra. En esta sesión las actas nos dice que presidía las deliberaciones el Teniente Gobernador Antonio Thomás. Cuándo y cómo se le designa para este cargo, nada dice la documentación. La desaparición de muchas actas durante estos años hace que no se tenga precisión respecto a muchos acontecimientos de la época. Todas las existentes de 1590 le tienen suscribiéndolas como Teniente Gobernador. La última es del II de octubre. Por ésta se acepta a Gabriel Sánchez como escribano del cabildo. La siguiente es del 21 de enero de 1592. Aquí el Teniente Gobernador es Felipe de Cáceres. No se ha podido determinar cuando cesa uno y asume el otro.


Casa con Doña María Prieto, mestiza, hija de una indígena y de Don Francisco Prieto, conquistador coetáneo del también conquistador Don Felipe Cáceres.


Tienen una hija que se llama como la madre, Doña María Sierra Prieto. Esta señorita de finales del 1500 se casa con un español, extremeño el cual era militar, de hecho llegó a ser Teniente General del Gobernador (1592-1595), también fue Procurador de Asunción, en Paraguay, Don Juan Caballero de Bazán.


Formaba parte de las tropas de Alonso Sotomayor. Huye de ellas y deserta yendo hacia Santa Fé donde es protegido por su suegro quien es Gobernador de dicha ciudad. Se avecindó en Asunción. Fallece en 1604.


Tuvieron un hijo, entre otros, que se llamó Don Juan Caballero de Bazán y Sierra (1586-1628). Este fue Capitán. Tuvo un muy buen matrimonio pues se casó con la joven Doña Beatriz de Añazco y Ocampos, hija de Don Antonio de Añazco, hijodalgo sevillano, nacido en 1546 y Conquistador del Guayra, Teniente General de Gobernador del Rio de la Plata. Viene en la expedición de Ortíz de Zárate con 14 años. Su madre fue la señora Doña Ana de Ocampo y Saavedra.


Nieta paterna de Don Antonio Añazco (1556-1617) y de Doña Juana Ortíz Melgarejo, descendiente ésta de Alfonso VII, rey de Castilla.


Nieta materna de Don Martín Suárez de Toledo y Saavedra (1520-1584) y de Doña María de Sanabria y Calderón.


Su abuelo materno Don Martín, fue 11 Gobernador del Río de La Plata y del Paraguay. (14 julio 1572-29 noviembre 1574). 6 Teniente de Gobernador de Asunción. (1569-1572) 8 Teniente de Gobernador General de Asunción. (1574-1575).


Su abuela materna, Doña María era hija de Don Juan de Sanabria, pariente de Hernán Cortés y de Doña Mencia de Sanabria y Calderón, Mencía Calderón o bien Mencía Calderón la Adelantada o menos conocida como Mencia Calderón Ocampo fue una noble emprendedora y exploradora española, que estaba casada con el nominal adelantado Juan de Sanabria el cual fallecería en la península poco antes de embarcar, por lo que consiguió que su hijastro Diego de Sanabria heredase el título por dos vidas para poder continuar con la empresa que llevaría a Sudamérica a las primeras cincuenta mujeres hidalgas del Nuevo Mundo, para iniciar así una aristocracia colonial de índole europea. Producido el apresamiento, la expulsión y la remisión a España del segundo adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el gobierno quedó nuevamente en manos de Domingo Martínez de Irala. Fallecido éste y ante la acefalia administrativa de la Provincia del Paraguay, el monarca dispuso nombrar un nuevo adelantado.


En Monzón (Huesca), el 22 de junio de 1549, el Consejo de Indias acordó la capitulación por la que se nombraba tercer adelantado del Río de la Plata a un rico caballero español, natural de Medellín, de nombre Juan de Sanabria. Sanabria asumía el compromiso de llevar en su expedición a cien parejas con hijos y doscientos cincuenta solteros para establecerlos en dos asentamientos que debían fundarse en las costas de la isla de Santa Catalina y en el Río de la Plata con el fin de consolidar las propiedades reales en la costa atlántica, continuamente asediadas por los portugueses.

La fatalidad hizo que falleciera el adelantado antes de su partida. Su hijo Diego, de apenas 18 años de edad, heredó los folios reales en los que constaban los derechos y obligaciones impartidos por Carlos V.

Las capitulaciones le fueron confirmadas en la corte instalada en Valladolid en el año 1549. Diego de Sanabria, el nuevo adelantado, tenía la consigna de «suspender la conquista sino poblar». La armada de Sanabria partió de Sanlúcar de Barrameda el 10 de enero de 1550 y estaba compuesta por tres naves. Hacía parte del pasaje el fundador de la casa fuerte de Asunción, Juan de Salazar de Espinosa, quien fuera comandante general de la flota. Salazar se hallaba en España luego de haber conducido preso a Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

La tripulación estuvo compuesta por una trescientas personas, de las cuales eran cincuenta mujeres, doncellas para poblar, algunas casadas y otras solteras que embarcaron por orden real para «el mejoramiento de la sangre» de la población, altamente mestiza.

La hueste femenina era dirigida por Mencía de Calderón y Sanabria, viuda de Juan; con ella viajaban sus hijas María , Mencia y Francisca.

Otros capitanes eran Cristóbal de Saavedra, Hernando de Salazar y Francisco Becerra. El cronista de la expedición Hans Staden, aventurero teutón, escribió las memorias del viaje. La flota maltrecha llegó a la isla de Santa Catalina en diciembre, después de sufrir muchas graves penurias, soportar terribles tempestades, ataques de corsarios franceses, naufragios y demás males. Salazar perdió la nave que comandaba. Dice la historia que a pesar de las peripecias salvóse la vida de todos y el honor de las damas. Don Diego, por su parte, desviado por los vientos, fue a dar al mar Caribe, donde encalló su barco. Siguió viaje por la vía del Perú y terminó afincándose en Potosí sin llegar a su destino final. Los integrantes de la expedición no se hallaban en condiciones de establecer los poblados que la Corona ordenaba erigir, pensando solamente llegar a Asunción para planear desde allí el establecimiento de los pueblos de la ribera atlántica (como el de San Francisco de Mbiazá). Desde la isla de Santa Catalina, luego de reponer fuerzas, se desplazaron hasta el Mbiazá (en guaraní: 'la salida', también llamada Ybiazá o La Vera; se trataba de la salida por vía terrestre directa que el gobierno de Asunción poseía en el océano Atlántico y que correspondía a las costas marítimas de los actuales estados —hoy brasileños— de Paraná y Santa Catarina), en las costas de tierra firme y ubicada veinte leguas al sur. En ese punto hubo necesidad de esperar un año para construir un bergantín con los restos de la nave San Miguel.

Las desavenencias entre Salazar y Saavedra empeoraron la situación; si no fuera por la predisposición de doña Mencía, tutora de la expedición, todo habría fracasado.

Las mujeres tuvieron un papel preponderante en la supervivencia del numeroso grupo. Cosían velas, cocinaban, juntaban madera y participaban en todas las actividades. Mencia cuidaba celosamente su plantel de mozas casaderas, pero, en tan demorada escala no pudo evitar que ocurrieran algunos acontecimientos dignos de mención. Los oficiales y funcionarios reales, que acompañaron a la armada, se adelantaron en escoger esposas entre las de mejores predicamentos, disminuyendo de esa manera el número de las candidatas que venían a encontrar maridos entre los españoles de Asunción. Salazar dispuso dividir el contingente. Una parte de la gente y el equipaje embarcó en el bergantín con intención de llegar por agua a Asunción y el resto partió a pie por el Peabirú partiendo por el río Itapocu, senda indígena de más trescientas leguas transitada con anterioridad por Alejo García y Alvar Núñez Cabeza de Vaca. La expedición estaba compuesta por indios porteadores y guías, algunas vacas llevadas por portugueses, curas, oficiales, soldados y la dotación de mujeres que viajaban amparada por Mencia. Es de suponer el sacrificio que significó para la estoica partida sortear mil obstáculos, cruzar enormes ríos, selvas y cordilleras. Salazar y su grupo llegaron a la ciudad de Asunción en octubre de 1555 en medio del júbilo y la algarabía de los antiguos conquistadores, y la sorpresa de algunas mujeres casadas que reencontraron a sus esposos rodeados de vástagos mestizos, algunos de ellos ya adolescentes. Al año siguiente llegaría a destino Mencia Calderón Ocampo, en abril de 1556, con sus hijas, yernos y demás acompañantes. La villa de San Francisco de Mbiazá quedaría abandonada.

Fallecido Fernando de Trejo, María de Sanabria contrajo nuevamente matrimonio con Martín Suárez de Toledo, con quien tuvo ocho hijos. Uno de ellos, Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) fue el primer gobernador nacido en el Paraguay. En consideración al tiempo gastado en tan largo periplo terrestre era de esperar que los viajeros que remontaban el río ya estuvieran en Asunción. En realidad, los navegantes subían las corrientes con excesiva lentitud. Fue necesario enviar otra embarcación para prestarles auxilio y acelerar su llegada a destino.


Continuamos con el matrimonio de Don Juan Caballero de Bazán y Sierra y Doña Beatriz de Añazco y Ocampos. Tuvieron entre otros a un hijo que se llamó Don Francisco Caballero Bazán de Añazco, nacido en 1618. Fue Administrador de Rentas. Comisario de la Real Audiencia.


Se casó con su sobrina segunda, Doña Mariana de Vera y Aragón de Irarrázabal y Andía. Ella, era hija de Don Gabriel de Vera y Aragón, primo hermano de Don Francisco Caballero de Bazán y Añazco (sus dos madres eran hermanas, Doña Beatriz y Doña Leonor de Añazco y Ocampos) y Doña Gabriela de Irrazábal y Andía Rojas de Aranda.



Árbol genealógico de Doña Gabriela de Irrázabal y Andía Rojas de Aranda.

Don Juan Rojas de Aranda y Alarcón, llegado al Paraguay con el Adelantado Ortíz de Zárate. Expedicionario con Ortiz de Zárate. Nacido en 1560 en Toledo, parroquia de Magdalena. Hijo legítimo de Juan de Roxas Aranda y de Dª María Gabriela de Alarcón. Hidalgo. Vecino encomendero de Asunción con obligación de sustentar armas y caballo. 1592. Tesorero de la Real Hacienda. 1593.Testigo en la información de Insaurralde. Casó primero con Dª Úrsula Jaques y tuvieron al P. Simón de Roxas, Juan de Aranda, Alonso de Roxas y Alarcón, Dª Ana de Roxas y Dª Francisca de Roxas. En segundas nupcias casó con Dª Francisca González de Santa Cruz y tuvieron al Cap. Alonso de Roxas Aranda, al Licenciado Francisco de Roxas Aranda, Dª Francisca de Roxas, Dª Beatriz de Roxas, Roque González de Santa Cruz, Dª Mariana de Aranda, Dª María de Roxas y Alarcón, Rodrigo de Roxas, Dª Jerónima de Alarcón y Juan de León. Testó en Asunción el 9 de septiembre de 1636. Escribía. Vecino feudetario de Asunción, donde ocupo los cargos de regidor, tesorero de la Real Hacienda y otros.



Don Francisco García de Acuña, bisabuelo de Doña Gabriela de Irrázabal y Andía Rojas de Aranda. Vino a la Asunción, junto al Adelantado Don Juan Ortíz de Zárate.


Quien asistió a la fundación de la ciudad de San Juan de Vera en el año 1588 y fue alcalde de su primer cabildo por nombramiento del adelantado el Licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón. Padres de: 1. JUAN GARCÍA DE ACUÑA 2. FRANCISCO DE ACUÑA 3. PABLO DE ACUÑA, escribano público de San Juan de Vera en el año 1622. Casó con N.N., padres de por lo menos: a) Francisco, nació en el año 1621 y fue confirmado el 23 de septiembre de 1621 4. BALTASAR DE ACUÑA 5. FRANCISCA GARCÍA DE ACUÑA49, contrajo matrimonio en la ciudad de Asunción en el año 1596 con el capitán Juan de Rojas Aranda50, -viudo en 1º nupcias de Ursula Jaques-, natural de Toledo, parroquia de Magdalena, hijo legítimo de Juan de Rojas Aranda y de doña María Gabriela de Alarcón. Padres de 11 hijos.

Erigióse Cabildo en sujetos españoles hijosdalgo, cuyos primeros vocales de justicia y regimiento fueron Francisco García de Acuña, Diego Ponce de León, Juan de Rosas, Martin Alonso de Velazco, Héctor Rodríguez, Alonso González.

García Romero, Francisco (de Extremadura). Nació en 1559 y en Asunción casó con Doña Mariana de Santa Cruz, que aportaron 12.736 pesos de dote. Ambos se avecindaron en Concepción del Bermejo, donde fue Teniente de Gobernador y justicia mayor. A causa de las incursiones de los indios Chacos, se trasladaron a Buenos Aires, donde se ve citado en 1607. En 1610, 1612,1614 y 1617 fue regidor y alcalde en 1615, en 1619 y en 1627 procurador General; alférez en 1615 y 1618. Tuvo larga e ilustre descendencia.

Alcalde de Asunción y alcalde mayor en 1597, luego de haber asistido a la fundación de Corrientes.


Su esposa, Doña María González de Santacruz, bisabuela de Doña Gabriela de Irrázabal y Andía Rojas de Aranda, fue hija del Conquistador Don Bartolomé González de Villaverde nacido en León, España en 1512, y era capitán y escribano real.


Consta que embarcó en una de las once naves de la expedición del adelantado don Pedro Mendoza, que puso rumbo al Río de la Plata el 24 de agosto de 1534. Soltero y joven, se desempeñó como uno de los capitanes de la gran armada conquistadora.

Entre las mil y una desventuras de esta accidentada expedición, Bartolomé González pasó a ejercer la profesión de escribano, dejando a un lado la de soldado, y para obtener las debidas licencias, embarcó a España en abril de 1539, en una expedición enviada en busca de apoyo por Domingo Martínez de Irala, que asumiera el mando de los pocos españoles sobrevivientes en Asunción. Partió de regreso con 25 años, el 2 de noviembre de 1540, con su título de escribano real y público, oficio que ejerció hasta el fin de su vida.

Como señala Carbonell: “Al destacar aquellas características fundamentales del escribano, comprenderemos sus requisitos y ponderaremos el ambiente en el ejercicio de su profesión. Asimismo, el influjo de su carácter y su modo de expresarse en sus propios hijos: desde la alternancia de la vida militar y la de escribano, hasta el castellano, gramaticalmente correcto con la palabra precisa, peculiar de los escritos del P. Roque González de Santa Cruz, o la capacidad para adecuarse a personas de muy diversa condición”.


La madre mestiza.

En contraste a los sólidos datos sobre Bartolomé González antes de su casamiento, en España y América, sobre María de Santa Cruz apenas se tienen datos que no sean los relacionados a su matrimonio y a los procesos posteriores relacionados a los diez hijos de la familia González de Santa Cruz.

Carbonell ha encontrado vínculos documentales en procesos en los que el escribano Bartolomé González actúa de oficio a favor de Pedro de Santa Cruz, ambos miembros del primer grupo de expedicionarios que vinieron con Mendoza.

Esta estrecha relación está corroborada por un documento recientemente descubierto por el investigador correntino Gustavo Sorg: “En la ciudad de Asunción, cabeza de estas provincias y gobernación del Río de la Plata, en 18 de enero 1602, el capitán Francisco González de Santa Cruz solicitó hacer una probanza de los muchos y calificados servicios que Bartolomé González mi legítimo padre hizo en estas provincias y gobernación del Río de la Plata a la majestad del Rey nuestro señor como uno de los primeros conquistadores y descubridores de estas dichas provincias, y por el consiguiente de los que hizo Pedro de Santa Cruz mi abuelo que también fue uno de los primeros conquistadores que vinieron de los reinos de Castilla con el Adelantado y gobernados don Pedro de Mendoza los cuales vinieron de estos dichos reinos a su costa misión”. (Documento N° 12 en el Archivo General de Indias, Charcas 81).

El hermano mayor de Roque declara a Bartolomé González, su padre, y a Pedro González de Santa Cruz, su abuelo, compañeros de la primera expedición de don Pedro de Mendoza. Es sabido, por un lado, que a los españoles solteros de dicha expedición que aparecieron por primera vez en Asunción, los caciques les ofrecieron sus hijas, con lo que la conquista se impuso más por vía del cuñadazgo que de las armas. Por otro lado, dadas las características riesgosas de estos viajes, de hecho, la mayor parte de los expedicionarios eran solteros.

Según las investigaciones de Carbonell, del mismo Bartolomé González consta descendencia fuera de su posterior matrimonio y es altamente probable que Pedro de Santa Cruz haya tenido asimismo su propia descendencia en Asunción. Teniendo en cuenta el viaje de Bartolomé González a España, sumado al hecho de que se casó con cuarenta años, según Carbonell hubo suficiente tiempo para que una hija de Pedro de Santa Cruz, nacida en Asunción, tuviera la edad suficiente para ser desposada por su compañero de viaje, el ya escribano Bartolomé González. El hecho de que éste se haya casado más bien tarde, no era una práctica rara, ya que los varones solían establecer unas bases económicas sólidas antes de hacerlo; de hecho, el hijo mayor de la familia, Francisco González de Santa Cruz, siguió la costumbre de su padre al casarse después de los cuarenta años. El promedio de edad de las mujeres para el matrimonio, sin embargo, estaba entre los 17 y 18 años.

Supuestos estos datos, se nos impone de manera más que probable que María de Santa Cruz haya sido engendrada por Pedro de Santa Cruz y la hija de un cacique guaraní, rango que se podía equiparar a la nobleza, con lo que Roque González tendría raíz bien plantada en la cultura guaraní, por la sangre de su madre y de su abuela.


La familia

Los hijos del matrimonio González de Santa Cruz eran diez hermanos, siete varones y tres mujeres: María, Francisco, Diego, Mateo, Bartolomé, Mariana, Pedro, Roque, una mujer sin nombre conocido y Gabriel. Entre los varones, tres fueron capitanes (Francisco, Diego y Bartolomé) y cuatro sacerdotes (Mateo, Pedro, Roque y Gabriel). La familia usufructuaba el beneficio de la concesión de tierras, con el servicio personal de indígenas asignados por encomienda.

Como nos dice Carbonell: “El modo de tratar a los indios del servicio dependía de cada familia. En el hogar de los González de Santa Cruz, familia numerosa, con la chacra y el viñedo en Tacumbú, cerca de Asunción, la convivencia con los guaraníes era cotidiana. Por la conducta de los diez hijos, el conocimiento de la lengua guaraní, la capacidad y el hábito de trabajo personal, la colaboración entre ellos y el respeto a la vocación y responsabilidad específica de cada uno, no dudamos en admirar a los padres, y más, en particular, a María de Santa Cruz, la madre entregada en el anonimato de la vida hogareña cotidiana y, como muy probable indicamos, con sangre guaraní en sus venas”.

La sangre no es agua

Son conocidos el gran amor y el compromiso irrenunciable a favor de los guaraníes que Roque González manifestó desde temprana edad. Su primera misión apostólica como sacerdote diocesano fue entre los guaraníes de la región del Mbaracayú, de la que volvió para ser párroco de la catedral de Asunción. Sin duda, uno de los motivos que llevaron a Roque a dejar de lado un brillante futuro eclesiástico y unirse a los jesuitas para iniciar la experiencia de las reducciones en el Paraguay fue una opción muy definida por la causa de la evangelización de los indígenas.

Su gran dominio y elocuencia en el uso del guaraní, junto con la fuerza de su determinación por catequizar, organizar y defender a los guaraníes de la voracidad colonial, por un lado, y de la rapacidad esclavista de los bandeirantes, por otro lado, no hacen sino reforzar la idea de que en su corazón corría sangre guaraní.


Alberto Luna S.J.


La esposa de este conquistador Don Bartolomé González de Villaverde, fue la mestiza Doña María de Santacruz, quien nació sobre 1538. Al parecer tenía 15 años cuando se casó. Era hija del también Conquistador Capitán Don Pedro de Santacruz, toledano, nacido en 1510. Vino con el Adelantado Don Pedro de Mendoza. La madre de Doña María fue Francisca, una india guaraní, hija de un cacique.


Don Antonio de Irrazábal y Acuña, padre de Doña Gabriela de Irrazábal y Andía Rojas Aranda, descendiente de los anteriormente citados, era también capitán y al parecer de Chile quien sobre principios de 1600 llega al Paraguay y se casa con Doña Francisca Rojas de Aranda, hija del ya citado Don Juan Rojas de Aranda y Alarcón.


Retomamos con Don Francisco Caballero Bazán de Añazco y su esposa Doña Mariana de Vera y Aragón de Irrazábal y Andía. Estamos ya a principios del 1600 y en Paraguay.


En 1657 tienen a Don Antonio Caballero de Añazco e Irrazábal, quien desde 1685, con 28 años hasta 1706 es Regidor del Cabildo de Asunción. Tenía el grado de capitán. En 1699 y en 1706 es además de Regidor, Alcalde Ordinario de Primer Voto. Obviamente como descendiente de conquistadores españoles le correspondía ese papel. Se casó con Doña María Dominga Villagra Osorio. Sobre 1677 tienen entre otros hijos a Doña María Bartolina Caballero de Añazco. Muere en el año 1706.


Su hija Doña María Bartolina se casa con Don José de la Peña Rojas Aranda. Hasta ahora se ignoran los antepasados de este Don José, pero evidentemente por linea materna pertenece a la opulenta casa de los Rojas de Aranda, ya establecidos desde hace décadas en la región y como hemos visto descendientes de los primeros conquistadores. Sí se sabe que fue regidor.


Tienen como hijo a Don José de la Peña Caballero de Añazco. Era capitán. Se casa con Doña Petrona Fernández de Valenzuela. Era hija del capitán Don Salvador Fernández de Valenzuela (1668-1753), de Tenerife, en España y de Doña Clara de Avenaño y Guzmán.


Don Salvador, se estableció en Paraguay antes de 1700. Se dedicaba al comercio de la yerba-mate. Vivió en un principio en Asunción, pero luego se trasladó a las nuevas tierras del sur de Caañabé. Murió en 1753 en su quinta del valle de Mburicaó.

Contrajo matrimonio con Clara de Abendaño y Guzmán (o Guzmán y Abendaño), hija del capitán Francisco de Abendaño, natural de Buenos Aires, y de la paraguaya doña Mariana de Rojas y Guzmán.

Sargento Mayor. Tuvieron diez hijos, de los cuales llegaron a la edad adulta cinco hermanos varones y tres mujeres. Las hijas fueron María Ángela, Petrona (casada con José de la Peña y madre de María del Carmen Peña) y Rosa Fernández de Valenzuela Avendaño. Rosa casó con José del Casal Sanabria. Fue madre de José y Ana del Casal Fernández de Valenzuela, casados respectivamente con Rosa Agustina Gamarra Caballero de Añasco y con el Comandante de Caballería Ligera Fernando Antº de la Mora.

Un hijo de Salvador fue el maestro Antonio Fernández de Valenzuela, ordenado posiblemente en 1744 y fundador de la localidad de Valenzuela, en la Cordillera paraguaya.

Otro hijo, el que perpetuó el apellido, fue el capitán José Fernández de Valenzuela. Fue Alcalde Ordinario (¿de Asunción?) en 1763 y padre de Domingo Valenzuela, que simplifica el apellido y fue uno de los mayores propietarios urbanos de Asunción, dejando una larga descendencia.







1 comentario:

  1. Muy interesante. Lo que aún no pude dilucidar es de quién era hijo mi antepasado directo Juan de Santa Cruz integrante de la expedición fundadora de la cdad. de Santa Fe (Argentina)

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